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Las abejas

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  Es uno de julio de un año impar y estamos sentados en un banco de espaldas al mundo. Observas, con miedo, las abejas que revolotean a nuestro alrededor. Yo te protejo de ellas ¿ves? , te digo y tú te ríes. Te voy a proteger cuando vengan a por ti las abejas , te repito, te voy a proteger cuando la ola sea demasiado grande como para surfearla, cuando los monstruos que habitan en tu cabeza reaparezcan en el mundo real. Te voy a proteger porque no sé querer de otro modo, porque me curas las heridas al lamerme la piel, porque me arrugas los ojos de tanto hacerme reír, porque me admiras tanto como te admiro yo. Porque al entrelazar nuestros dedos se me erizan los sentimientos y quiero correr hacia a ti. Porque en cada abrazo encuentro mi hogar, que eres tú. Te voy a proteger siempre, aunque tenga que protegerte de mí.

Un breve poema sobre Ariadna

Ariadna, estás dormida en una isla impregnada de arena negra y fina como cuando te concibieron. Mientras duermes, observo las estrellas que te acompañan, que iluminan tu tez blanquinegra de isleña que me gustaría acariciarte con la mirada. Quiero despertarte, pero estoy muy lejos de ti tan cerca y tus suspiros, símbolo de tus sueños, me despeinan el cabello en esta noche tan cálida y fría para mi ser. Juego en la lejanía con el vello que cubre tu cuerpo. Confieso, por si me escuchas, que he intentado encerrarte pero es imposible enjaular el mar. Dormida eres libre de esta isla mía; dormida, dime, ¿qué eres Ariadna? Si Teseo o Asterión, si el hilo o el laberinto. Dormida, dime, ¿me perdonarás por el abandono? ¿Me perdonarás por la soledad? ¿Me perdonarás por el absoluto y redundante todo? Ariadna, dime, porque amanece y veo el Sol y si abrieras los ojos, si pudieras retirar la venda de hilo que los cubre, si pudieras no morirte por su amor estaríamos tan cerca juntos. Ariadna, ¿estás do...