Un breve poema sobre Ariadna
Ariadna,
estás dormida en una isla
impregnada de arena negra y fina
como cuando te concibieron.
Mientras duermes,
observo las estrellas que te acompañan,
que iluminan tu tez blanquinegra de isleña
que me gustaría acariciarte con la mirada.
Quiero despertarte,
pero estoy muy lejos de ti
tan cerca
y tus suspiros,
símbolo de tus sueños,
me despeinan el cabello
en esta noche tan cálida
y fría para mi ser.
Juego en la lejanía con el vello
que cubre tu cuerpo.
Confieso,
por si me escuchas,
que he intentado encerrarte
pero es imposible
enjaular
el mar.
Dormida eres libre
de esta isla mía;
dormida,
dime,
¿qué eres
Ariadna?
Si Teseo
o Asterión,
si el hilo
o el laberinto.
Dormida,
dime,
¿me perdonarás
por el abandono?
¿Me perdonarás
por la soledad?
¿Me perdonarás
por el absoluto
y redundante
todo?
Ariadna,
dime,
porque amanece y veo el Sol
y si abrieras los ojos,
si pudieras retirar la venda de hilo que los cubre,
si pudieras no morirte por su amor
estaríamos tan cerca
juntos.
Ariadna,
¿estás dormida?
El Sol ilumina la isla de tu cuerpo
sin vida,
y sé que sueñas,
por fin,
con minotauros.
Comentarios
Publicar un comentario